México no es un Estado fallido, es una democracia inefectiva.
De acuerdo con Ronald Inglehart y Christian Welzel en How Development Leads to Democracy (Foreign Affairs March/April 2009)
“The essence of democracy is that it empowers ordinary citizens.
Whether a democracy is efective or not is based on not only the extent to which civil and political rights exist on paper but also the degree to which officials actually respect these rights.”
Así, al no garantizar el respeto a los derechos civiles y políticos por las autoridades, el Estado queda debilitado en tanto no se da un cabal cumplimiento de la ley, dejando lugar a toda clase de violaciones a la ley y alejando a los ciudadanos de la política al perder su confianza e impedirles su participación en la toma de decisiones –más allá de las elecciones periódicas-.
De esta manera, México avanza con una democracia electoral –sobre la cual se incrementan día a día las dudas- pero no se ha logrado generar una cultura política –en élites políticas y ciudadanía- que la sostenga y la profundice.
El resultado es un caos aparente donde ante poderes fácticos el gobierno y las instituciones del Estado no pueden o quieren hacer nada y donde los ciudadanos no son independientes ni organizados, son indiferentes unos a otros excepto cuando les toca sufrir los estragos de la delincuencia o la corrupción.
México no es un estado fallido, el país sigue andando todos los días, el problema es que la democracia que tenemos es inefectiva porque las instituciones, las élites políticas y los ciudadanos no hemos dado el ancho para enfrentar los retos que el mundo y la misma sociedad en su conjunto nos impone.
En resumen: México no es un Estado fallido, es una democracia inefectiva.


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