jueves 8 de noviembre de 2007

El encanto audiovisual en la política: el spot político-electoral televisivo.

En la emergente dinámica democrática que vive México, varios fenómenos han llamado la atención poderosamente, uno de ellos es la aparición de la publicidad o propaganda televisiva durante las competencias electorales, particularmente la denominada con el nombre de spot.
La utilización generalizada por parte de partidos políticos y candidatos, los contenidos polémicos, los gastos millonarios, son sólo algunos de los argumentos que se podrían esbozar para iniciar una profunda investigación acerca del papel que cumplen en los procesos electorales, para preguntarse por las transformaciones que conlleva la incorporación de la imagen audiovisual y sus particularidades discursivas a la forma de hacer y comunicar la política, para reflexionar acerca de los aportes y las consecuencias de esta relación entre la imagen audiovisual y la política.
Sin embargo, lo que priva es la condena hacia los spots político-electorales por ser causa de la baja calidad de la política democrática, así como una falta de reflexión acerca de su forma de operar para encontrar respuesta a la pregunta de por qué se han vuelto tan importantes en las democracias contemporáneas.
El reino de las emociones y las percepciones, se denuncia, ha tomado lugar en la política, degradándola y abaratándola –paradójicamente, pues los costos económicos se incrementan-, sacrificando a la verdad por el impacto mediático. Hoy no basta, sin embargo, con levantar una queja ante lo que debería ser la política para comprender lo que es la política actualmente, o al menos para comprender las formas en que se desarrolla y se transforma, de ahí la importancia por reflexionar sobre esta forma comunicativa.
Preguntas que se pensaría son fundamentales, como: ¿Qué es el spot político-electoral? ¿Por qué son necesarios? ¿Cómo operan? ¿Qué aporta la imagen audiovisual? ¿Por qué se vuelven tan centrales durante las campañas electorales? Son preguntas que no tienen una respuesta satisfactoria.
El trabajo de investigación que se presenta tiene como propósito, a partir de esas preguntas, el reflexionar –más allá de la particularidad mexicana- acerca del spot político-electoral y los posibles motivos por los cuales hoy es una figura tan relevante en las democracias contemporáneas, tiene como propósito echar una mirada reflexiva al spot político-electoral.

Artículo Completo en www.flacso.edu.mx/documentos

miércoles 7 de noviembre de 2007

Medios y Democracia en México: una relación ideológica

Señalar que los medios de comunicación de masas (MC) han adquirido un papel de suma importancia en los procesos electorales y en el quehacer general de la política es un lugar común en el discurso público de la política en México. Tan común que personajes que se ubican en la intersección de dos mundos con posturas encontradas como el político y el académico se refieren a los medios como los vehículos privilegiados de la discusión pública, determinantes de la calidad de la convivencia democrática en las sociedades, e inclusive como instituciones de la democracia.[1]
De este lugar común se desprende la consideración cuasi axiomática de que la relación entre los medios de comunicación (MC) y la democracia es una relación positiva. Relación en la cual éstos asumen el papel de vehículo potencializador de las prácticas democráticas, a la vez que de proveedor de la información política necesaria para desarrollar la discusión pública y, aún más allá, se llega a considerar a los MC como el espacio privilegiado para la discusión y deliberación de los asuntos públicos en tiempos actuales.
Los MC han adquirido un papel crucial en el proceso democratizador de México, pero esto no implica que sean por sí mismos instituciones de la democracia, que sean el espacio privilegiado para la discusión de los asuntos públicos, o que sin ellos la democracia sea impensable, pues los efectos o resultados visibles de la relación entre MC y democracia que se han manifestado en México a últimos años oscilan entre la ambivalencia y la ambigüedad. Pero, entonces, ¿por qué es un lugar común decir que los MC son el lugar común de la democracia?, ¿por qué se le ve públicamente como una relación positiva?
La hipótesis que se aventura es que esa afirmación forma parte del territorio de la ideología y que se ha convertido en un lugar común por la función que como Aparatos Ideológicos cumplen los MC. Varias preguntas, entonces, respecto a ese lugar común de la relación MC y democracia –y sobre el cual pareciera rondar el espectro de la ideología- se antojan necesarias para pensar el lugar y el papel que juegan los MC en la incipiente democracia mexicana.
¿Desde dónde es verdadera tal afirmación? ¿Contra qué reacciona este posicionamiento discursivo que ubica a los MC y a la democracia en relación positiva? ¿Cómo es que esa afirmación logró colocarse en el discurso político común?, o lo que es lo mismo, ¿cómo ese discurso sobre la relación positiva entre MC y democracia logró apropiarse de la hegemonía discursiva?
Aunque antes de dar respuesta a todas estas preguntas debemos hacer un alto para entrar a una discusión más apremiante: ¿se puede hablar hoy día de los MC como AI’sE, se puede hablar de Ideología?