miércoles 23 de enero de 2008

El miedo a la crítica y a la discusión (Primera parte)

Entre las muchas cosas que me sorprenden de nuestra cultura política hay una que me resulta exasperante: el miedo a la discusión y a la crítica.
Es común que nuestros políticos –y aun los que no se dicen políticos pero se comportan como tales y participan de la misma-, así como nuestras autoridades, cuando enfrentan críticas e inconformidades se escondan bajo las frases de “no dividamos, hay sumar” o “no politicemos el tema”, dejando a quien señala la falta casi como un traidor o un aprovechado desleal.
Veamos un ejemplo del primer caso –mañana nos ocuparemos del miedo a politizar- tomado del diario local de San Luis Potosí, Pulso, con fecha 22 de enero de 2008:

Críticas desalientan inversiones: Carvajal
EDITH ARGÜELLES San Luis Potosí/Pulso

El secretario técnico del Consejo Estatal de Seguridad Pública (CESP), Cesáreo Carvajal Guajardo, consideró que quien está comprometido con el estado buscará sumar y no restar, y en ese sentido, las declaraciones que en general traten de denostar la labor en materia de seguridad, podrían afectar la inversión, la economía y el desarrollo.
(En http://www.pulsoslp.com.mx/SLP/VerNota.asp?Id=783&S=Notas&rsu=&NP=1)

¿Por qué deberíamos de quedarnos callados ante el incumplimiento de la principal misión del Estado que es proteger a los ciudadanos? Más allá de la falacia que significa que las críticas a las acciones de gobierno “espanten” a las inversiones, lo que desalienta a éstas es la inseguridad, sí: el problema que no han sabido resolver las autoridades, problema que no debería hacer falta señalarles.

Denostar es faltar a la verdad, es injuriar gravemente –de acuerdo con la Real Academia Española. Quien realiza una crítica ante una falla está cumpliendo con su deber cívico de señalar la falta en que se incurre, no está faltando a la verdad, al contrario está respondiendo a su deber moral como ciudadano –que se estableció como derecho y compromiso a partir de la Ilustración (esa época en que creyó que la luz nos permitiría ver el camino) y que derribó al Estado Absolutista-. Está proporcionando la oportunidad de que se vea algo que no ve -o será ¿no quieren ver?- ¿Por qué entonces escudarse y esconderse? ¿Por qué no asumir la responsabilidad por la falta o la falla? ¿Por qué culpar del mal al que lo muestra? ¿Por qué cerrar los ojos y taparse los oídos?

Ahora bien, este no es un problema que sea exclusivo de los políticos o las autoridades mexicanas, es un problema en cual caemos todos los ciudadanos: preferimos rehuir a la responsabilidad del error y hacernos de la vista gorda mientras linchamos al que dice “he aquí un problema o un error: discutamos sobre su resolución”. Seamos humildes y asumamos la responsabilidad por nuestros actos y nuestras omisiones. ¿Acaso esto es mucho pedir?

martes 22 de enero de 2008

Sobre la legitimidad en México.

El proceso electoral de 2006 en México finalizó dejando un tema abierto y que ha tenido poca atención: el de la legitimidad en el acceso al poder.
Recordemos. Cuando el tribunal electoral decide que la elección es válida, AMLO se pronuncia refiriendo que el gobierno de Calderón sería un gobierno ilegítimo. Unos días después se le nombra a AMLO “Presidente legítimo”.
Desde el ámbito académico (Eisenstadt, Todd A. “The Origins and Rationality of the “Legal versus Legitimate” Dichotomy Invoked in Mexico's 2006 Post-Electoral Conflict”, en PS: Political Science and Politics. 2007. January) a esta acción se le interpretó como un intento por seguir dentro de la lógica de las concertacesiones –lógica aplicada durante la década de los 90’s por el gobierno priísta como una forma de desactivar los reclamos electorales encabezados por la oposición-. Desde la tribuna de la opinión publicada de nuestro país se le tomó como un retorno a discursos pasados y como un insulto a las instituciones que tanto han costado a los mexicanos.
Sin embargo, más allá de estas dos perspectivas que confluyen, podríamos hacernos una pregunta: ¿por qué surge un discurso sobre la legitimidad en el acceso al poder cuando en la democracia procedimental se asume que el acceso al poder es legítimo en tanto ha sido producto del procedimiento -y por tanto de la legalidad-? En primera instancia se podría responder, como se ha hecho, sólo modificando las condiciones de competencia –el procedimiento-, pero me pregunto si el problema no va más allá de esa modificación necesaria.
Me pregunto si no estamos con este cuestionamiento sobre lo legítimo ante un problema no resuelto en nuestro país, de qué otra manera entender que por más de 100 años ha sido recurrente la discusión sobre el acceso al poder. Esta es una madeja que habremos de deshilvanar… Sobre todo cuando podemos leer que “La legitimidad en México no se basa tanto en la ley como en la conciencia nacional”. (http://www.pablogomez.org/2006/09/qu-es-la-legitimidad.html) Y para saber qué es la conciencia nacional…

lunes 21 de enero de 2008

Bloggeando

Ahora sí, después de las primeros pasos en la blogosfera regreso para estar al día. A partir de este 21 de enero de 2008 espera novedades día a día.